17/10/21

 






LA REVOLUCIÓN CULTURAL EN EL RENACIMIENTO

Luis Azurmendi


Un nuevo medio de difusión y comunicación revolucionó la cultura en el Renacimiento: el libro

En el Medievo los códices manuscritos estaban al alcance de muy pocos e ilustrados lectores: solo los que podían leer en latín y adquirir una costosa copia. El resto de los mortales escuchaban las voces de los púlpitos, o en los refectorios de las abadías o a los maestros de oficios con instrucciones técnicas leídas en los gremios.

Frente a esa situación, el libro, producto del reciente invento renacentista de la imprenta, cambiará radicalmente la situación: la difusión es muy amplia, los lenguajes son diversos y al alcance del pueblo. Y se traduce, se traducen lenguas y nombres técnicos. El libro siembra cultura y comunicación, pero erosiona los poderes absolutos que, alarmados, pronto pondrán restricciones, controles o prohibiciones.

Los libros sobre máquinas tendrán una rápida expansión en Italia, Francia y Alemania. Sin embargo, en España, en el siglo de oro, apenas acertamos a encontrar ese tipo de libros; códices y manuscritos sí que los hubo, porque había científicos y técnicos de gran altura, como ingenieros-arquitectos en torno a la magna obra de El Escorial y que dejaron buenos testimonios de sus trabajos. Pero entonces ¿porqué, precisamente en el mayor Imperio conocido, no se publicaron libros sobre máquinas?

ORIGEN Y DIFUSIÓN DE LA IMPRENTA

En un pequeño taller de la ciudad de Maguncia un artesano orfebre, Johannes Gutenberg, logró fabricar un sistema, denominado de “letras móviles metálicas” que logró superar la fragilidad del inicial sistema de las letras de madera. De esta forma se imprimió (1452-1454) la famosa Biblia de 42 líneas que podría reimprimirse indefinidamente.

La invasión de Maguncia disperso a sus habitantes y el grupo de Gutenberg también se dispersó por Alemania, Italia y otras ciudades europeas. Varios colaboradores del taller, conocedores de los secretos del método de imprimir, instalaron nuevas imprentas en Italia (1465), en Francia en Paris en 1470, en los países Bajos e Inglaterra. En España la Iglesia patrocinó por primera vez en Segovia (1472) una imprenta dirigida por un impresor alemán. Este fue el origen de la difusión del sistema de imprenta que Gutenberg había ideado.

Pero pronto las autoridades civiles y eclesiásticas, “se dieron cuenta de la peligrosidad del nuevo medio de comunicación y así la censura adquirió nuevas dimensiones” (Klaus Wagner) que lograba filtrar los contenidos y aprovechar toda la fuerza de difusión al servicio de sus intereses. En 1515 se amplió la bula a todo el ámbito religioso[1].

Entre 1450 y 1500, se editaron los libros denominados incunables, y se cree que su número pudo alcanzar varios millones de ejemplares, mas de la mitad de carácter religioso. Solo el 10% tuvo un carácter científico.

Además, la impresión requería una inversión importante en maquinaria que obligó a los impresores a buscar socios que garantizasen el capital necesario o mecenas que patrocinasen una edición concreta. Si añadimos los derechos de los autores comprenderemos cómo, con el tiempo, los libros se diseñan con portadas donde aparecen permisos, nombres y privilegios (luego patentes) de todos los participantes de la edición. A partir de 1500 hace su aparición los libros sobre máquinas con un estilo y características muy singulares, con portadas escenográficas, y numerosas imágenes grabadas en su interior; se trata de de lo que se denominó los Teatros de las máquinas.



[1] Claus Wagner en “La imprenta en la Europa del siglo XV”. Información de la Exposición de Sevilla-

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