en Santander: de neomudéjar abandonado a manos de una
estrella del street art
Historia de Elsa Cabria
• 3 día(s) •
5 minutos
de lectura
El Palacio Cortiguera es un edificio protegido del
siglo XIX, a cuyo propietario original le gustaba un estilo llamado también
'neoárabe', por el que tras décadas de dejadez institucional, el artista
cántabro Okuda negocia convertirlo en centro de arte urbano
Antecedentes - Okuda y el Ministerio de Interior
negocian una cesión con opción a compra de un palacete protegido en Santander
El grafitero que, a mediados de los noventa, firmó
muchas paredes de Santander con el seudónimo Okuda, tiene una conexión, desde esta
semana, que parecía improbable. Okuda tiene ahora un vínculo con Joaquín
Cortiguera, un célebre ginecólogo que fue el artífice, en el siglo XIX, del
único palacete de estilo 'neomudejar' que hay en Santander: el palacio Cortiguera.
La Cadena Ser desveló
la negociación que el hoy artista internacional de 'street art' Óscar 'Okuda'
San Miguel (Santander, 1980) mantiene con el Ministerio del Interior para
convertir en un centro de arte urbano el interior del palacete. Un inmueble de
azulejo, ladrillo y arcos de herradura, que lleva 30 años entre la indolencia y
el abandono institucional, en el centro de la capital cántabra.
El palacio está protegido dentro del Plan General de
Ordenación Urbana (PGOU) de Santander, pero no forma parte de ningún inventario
de patrimonio civil. Es hoy propiedad del Ministerio del Interior, pero hasta
llegar a la negociación con el colorista Okuda, ha experimentado muchas
negociaciones infructuosas con el Ayuntamiento de Santander, un concursos de
ideas para ser rehabilitado, y fallidos intentos de subasta pública.
En origen, el palacete fue un encargo del ginecólogo
santanderino Joaquín Cortiguera y Fernández-Pelilla, casado con Magdalena Pujol
Ruiz. El médico hizo un encargo singular en 1888: pidió al laureado arquitecto
Atilano Rodríguez que construyese un palacio inspirado en la arquitectura de
los mudejares -musulmanes que vivieron entre los cristianos previo pago de
tributo y dejaron un gran legado artístico-. Un año después, en 1889, Cortigera
inauguró el palacete, que convirtió en su residencia y en clínica ginecológica,
con una fachada repleta de elementos nada habituales en construcciones del
norte de España.
Frente al estilo regionalista de otros palacetes en
Santander, el llamado Palacio Cortiguera tenía un aspecto diferencial, aunque
curiosamente la definición 'mudéjar' se asentó en el mismo siglo XIX. “Fue un
capricho del propietario, eligió el estilo 'neoárabe' por gusto personal”,
explica el experto Aurelio González de Riancho, miembro de Grupo Alceda, que trabaja
en la protección del patrimonio cultural cántabro y que describe las
particularidades del edificio a elDiario.es.
El estilo 'neomudéjar' solo tiene reflejo en Cantabria
en el complejo residencial de Solvay, en Barreda, y en menor medida, en la
plaza de toros de Santander, explica otra fuente experta en arte, bajo
anonimato: “En el segundo tercio del siglo XIX y principios del XX, hay una
atracción por estilos considerados exóticos” por parte de cierta alta burguesía
que quiso dar una impronta mudéjar a la construcción civil.
Joaquín Cortiguera y Magdalena Pujol, propietarios del
palacio, fallecieron sin descendencia. Después, el inmueble ubicado en una
céntrica y frondosa finca en cuesta en la calle López-Dóriga, pasó a acoger la
Cámara de Propiedad Urbana, hasta 1993. Desde entonces, el palacete Cortiguera
entró en desuso y en lenta decadencia hasta hoy. Y es que si la negociación
resulta fructífera, aunque no han trascendido más datos, podría generar un
centro de arte urbano auspiciado por Okuda, un artista que empezó en el grafiti
y cuya obra se encuentra en numerosas fachadas de edificios de Cantabria y del
mundo.
El valor patrimonial del palacio reside
fundamentalmente en su exterior, en sus ventanas y arcos. Por eso, los expertos
consultados defienden la posibilidad de que Okuda pase a crear un centro de
arte urbano dentro del palacete abandonado. “Me parece bien que Okuda adquiera
el palacio para que sea rehabilitado, porque al no ser parte del inventario de
patrimonio civil, la iniciativa privada permitiría protegerlo”, defiende
González de Riancho.
El universo comercial de la marca
Okuda
El centro de arte del palacio Cortiguera estaría
influido por el universo de Okuda, un artista cuyo estilo se fundamenta en el
graffiti y el arte urbano, “pero está profundamente vinculado” al movimiento
Low Brow, “un estilo de arte underground que surgió en California entre finales
de los años 70 y los 80, vinculado al surf”. Así lo explica el artista y
comisario de arte Jesús Álberto Pérez Castaños: “Esta corriente tiene una
fuerte influencia de la estética del cómic, caracterizada por el uso de la
línea clara, elementos que han marcado la trayectoria y la identidad visual de
la obra de Okuda hasta la actualidad”, explica.
Pérez Castaños (Santander, 1950), más conocido como
JAPC, ha hecho escuela en Cantabria con su impronta también colorista y conoce el trabajo de Okuda desde sus orígenes grafiteros. Recuerda
bien cuando fue a conocer a un grafitero que pintaba “o escribía” a mediados de
los noventa en Canfrisa, un viejo matadero hoy derribado, con sus amigos. En
2009, el comisario de arte organizó una exposición titulada 'Jóvenes cachorros'
en una nave del Puerto de Santander, dedicada a pintores menores de 30 años:
“Fue significativa porque representó la primera vez que expuso obra enmarcada”.
Imagen del catálogo de la primera
exposición de obra enmarcada de Okuda
En el catálogo de aquella primera vez que Okuda expuso
obra enmarcada, citó entre sus referentes a Banksy, dijo que lo más importante
era tener estilo propio, y también dijo: “Por parte de las instituciones de mi
ciudad, nunca he notado apoyo”.
Desde entonces, Okuda ha evolucionado hasta celebrar
ahora 30 años en el mundo del arte y tener un gran espacio cultural en Madrid
llamado Factory of Dreams y además pinta fachadas, palacios, iglesias, tazas,
bolígrafos o coches, con un equipo de profesionales. Tiene una colorista y
reconocible marca cuya esencia está en el proyecto para el interior del palacio
Cortiguera, que muchos grafiteros puros y otros tantos expertos en arte
contemporaneo rechazan y que JAPC defiende: “Okuda ha pasado a tener un modelo
empresarial y comercial, pero sin perder el trato humano y la inocencia. Es un
artista total con rentabilidad, pero no pinta por hacer negocio”.
Y JAPC advierte mirando muy atrás sobre el futurible
arrendatario del palacio 'neomudéjar': “Okuda está en un entramado comercial
que no es ajeno al pasado: Rembrandt y Rubens tenían estudio y vendían obra;
hoy se propicia la comercialización del producto y él tiene una repercusión
económica muy grande, pero detrás sigue existiendo ese niño que pintaba muy
bien en la calle”.



.jpg)
.jpg)


.jpg)

















.jpg)
.jpg)
.jpg)




