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Publicado en Diario Montañes 3 VII 2018



Jornadas de Arquitectura y Paisaje. 21, 22 y 23 Junio Santander 2018


LA ARQUITECTURA TRADICIONAL 


Por Luis Azurmendi



Han finalizado las Jornadas de Arquitectura y Paisaje que se vienen realizando anualmente en Cantabria organizadas por la Asociación Tajamar en colaboración con el Colegio Oficial de Arquitectos de Cantabria y las Consejerías de Educación y Cultura y la de Medio Rural del Gobierno de Cantabria. En esta ocasión también ha participado el Instituto de Patrimonio Cultural de España. Dentro del Año Europeo del Patrimonio Cultural el lema de estas Jornadas ha sido Arquitectura tradicional. Teoría y práctica para su conservación y restauración.


En la presentación inicial se llamó la atención de los riesgos que amenazan los centros históricos de las grandes ciudades: el desbordante flujo de visitantes sobre Barcelona o Madrid está acosando el equilibrio monumental y social de los barrios que los soportan. Un ejemplo paradigmático es Venecia: con el incremento del flujo de turistas (30 millones visitas/año) y la intrusión de los gigantescos cruceros al borde de la ciudad, ha superado los límites que “la serenísima” puede soportar en su delicado equilibrio ambiental y monumental. La situación ha obligado a limitar el acceso del número de turistas y a cuantiosas inversiones medioambientales y de conservación y restauración; Venecia “muere de éxito”. Y eso sucede no solo en las grandes ciudades pues si observamos las tensiones en lugares de nuestras costas o de algunos parajes naturales podemos entender la generalidad del problema.


Fuera de las grandes ciudades en el medio rural, la población abandonó sus lugares de origen y paradójicamente se produce el efecto contrario a lo descrito para las grandes ciudades: el campo se desertiza y la falta de población y de recursos amenaza el mantenimiento de un riquísimo patrimonio cultural y natural.


Este es el marco en el que se desarrollaron estas Jornadas de Arquitectura Tradicional que han tratado de conocer, entre otras cuestiones, cuál es la reacción de las diversas cartas, convenios y recomendaciones de organismos internacionales sobre la protección de los bienes culturales. La Declaración del Foro de Davos (2018) es el último eslabón de una serie de Tratados y Convenios que, desde el concepto único de protección del “monumento”, se incorporan sucesivas ampliaciones conceptuales como el entorno, la historia, el paisaje cultural, el patrimonio inmaterial, la participación pública para, finalmente, este año con la celebración del Año Europeo del Patrimonio Cultural, proponer una visión “integral”, holística dicen, para la intervención en el patrimonio cultural como eje del desarrollo económico y social.


Un intento de visión integral es la observación interdisciplinar de una parte del patrimonio como lo es la arquitectura tradicional. Estas Jornadas han permitido acercarnos al patrimonio tradicional desde las ponencias de especialistas en la geografía, la arquitectura, la ingeniería, la antropología o el planeamiento urbanístico, con la seguridad de que el conjunto nos permitirá una visión nueva y diferente de la que cada una de la partes puede ofrecernos.


Desde la geografía hemos conocido aspectos fundamentales de la evolución de los paisajes naturales hacia los paisajes culturales en la cordillera cantábrico-pirenaica. Juan Carlos Codrón lo explicó con fenómenos históricos aparentemente dispares como los cambios de actividades, los incendios forestales con origen en nuevos usos agrarios o las rutas de la Mesta que han ido modificando la morfología natural del territorio.


Desde un punto de vista antropológico María Roscales abordó el concepto de “espacio” entendido como un escenario del despliegue de prácticas y dinámicas socioculturales, el lugar “practicado”, identificado y que identifica, el lugar cargado de sentidos para quienes lo practican y habitan. Abogó por la cultura originada por la actividad y orientar la investigación de los estilos de las viviendas como respuesta a un modo establecido de construirlas, que no ha surgido con independencia del clima y el paisaje local. Finalizó con la exposición del estudio del patrimonio inmaterial y las organizaciones usos y costumbres sociales de un lugar de referencia, como es Tresviso, en Cantabria.


El arquitecto José Cabrero explicó la relación de la arquitectura con la noción de “lugar” a través de los tiempos y con diferentes ejemplos, incluso foráneos, edificados en el valle de Iguña tales como, una ermita mozárabe y unas casas inglesas tipo “cottage”. Utilizó diferentes extrapolaciones como el traslado de la imagen formal de una torre medieval propia del lugar, a la arquitectura de una ciudad como Madrid. Otro ejemplo fue el tratamiento de nuevos añadidos, resaltando el “principio del segundo hombre” acuñado por E. Bacon, a una obra como la iglesia de Ronchamp de Corbusier semienterrando los nuevos edificios ocultándolos de la categoría visual del monumento.


En cuanto a herramientas de información territorial del patrimonio cultural, el Colegio de Arquitectos de Cantabria presentó, a través de su coordinadora la arquitecta Mar Martínez, el diseño de una web interactiva con los diferentes tipos de la arquitectura regional que resultó de sumo interés. El también arquitecto Domingo Lastra matizó la diferente evolución de algunos municipios que incluso en su inapropiada dinámica urbana pueden contener recursos patrimoniales dignos de proteger.


Como ejemplo de las figuras de planeamiento urbanístico de protección monumental fue expuesto por Carlos de Riaño el Plan Especial de Protección de Liérganes que el pasado año fue galardonado con el Premio Nacional de Urbanismo. El conjunto histórico de Liérganes comprende los barrios de Mercadillo, La Costera, la Rañada y la Ciudad Balnearia, con una curiosa estructura urbana, definida por tapias de cierre de fincas y edificaciones levantadas en los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX que han protagonizado parte importante del Plan.


El patrimonio industrial tradicional, fue expuesto por Luis Azurmendi que resaltó la permanencia de modelos primigenios en la actualidad, como son las ferrerías y los molinos, sin una adecuada protección. Explicó que este tipo de patrimonio es, no solo testimonio de la vida cotidiana del trabajo, sino parte de la historia de la tecnología y, por lo tanto, debe de protegerse con medidas equivalentes a las del grado monumental. Para su restauración trató de trabajos que están realizando sobre las máquinas y edificios como “la erosión” y los “espacios sonoros”. Finalmente proyectó una pieza cinematográfica experimental.


Desmitificar parte de los mitos de la arquitectura popular de siglos XIX y XX fue una de las intervenciones más llamativas por parte de José Luis García Grinda: ni todas las arquitecturas “célticas” son prerromanas, ni siquiera celtas, como sucede con las típicas pallozas. Tampoco toda la arquitectura popular de Andalucía era blanca, más bien lo contrario, como tampoco los tejados planos o inclinados responden siempre a condiciones climáticas. Es una invitación a la revisión de estereotipos exagerados y, a veces, interesados.


En la última sesión se trató a un mayor acercamiento a la teoría y práctica de la restauración.


El arquitecto Annibal González de Riancho fue desgranando la restauración de edificios y conjuntos monumentales según las teorías clásicas sobre conservación y restauración. Ejemplarizó las consecuencias de las grandes guerras que arrasaron gran parte del patrimonio arquitectónico europeo y que sus restauraciones abrieron un cúmulo de falsos historicismos que este autor puso en cuestión en una exposición muy documentada. Nuestros "monumentos", nuestro patrimonio -manifestó- son los conjuntos de arquitectura rural que forman nuestros paisajes y nuestro trabajo también es rehabilitar pequeños edificios, que no son grandes monumentos, pero que forman parte de un todo que es nuestra riqueza arquitectónica y paisajística.


Por parte del Instituto del Patrimonio Cultural de España se expuso el Plan Nacional de Arquitectura Tradicional que fue relatado con minuciosidad y precisión por la etnóloga María Pía Timón. Explicó los ámbitos de desarrollo en los que se incluyen estos bienes y estableció una clasificación. Se identificarán los riesgos y se desarrolló los aspectos metodológicos como los objetivos y los criterios de actuación. Por último, se expusieron los programas y líneas de actuación: programa de investigación y documentación; programa de protección; programa de intervención y recuperación de los sistemas tradicionales y, finalmente, el programa de difusión, transmisión y promoción.


Un análisis histórico-crítico cerró este ciclo de las Jornadas con la intervención del arquitecto Antonio González Capitel que fue desgranando las teorías de conservación en una hipotética aplicación a la arquitectura tradicional. Niega la aplicación de la llamada “restauración de estilo” aunque puede actuarse como una “reconstrucción arqueológica”; Expuso lo que llama restauración “analógica”, que consistiría “en reponer lo nuevo con cierta diferencia, claramente distinguible de lo antiguo, pero que no entra en contraste con ello, sino que busca y consigue la armonía final”. Este mismo criterio puede aplicarse a lo urbanístico y lo paisajístico. No disfracen - termino diciendo- la casa nueva de una casa vieja de aldea, pero intenten actuar con la naturalidad, el sentido funcional y la elegancia de la arquitectura popular.


Como sesión práctica se realizó una excursión que titulamos arquitectura en piedra. Se visitaron torres medievales, casas-palacio, iglesias y molinos de los municipios de Arnuero y Bareyo que han participado también en el patrocinio de estas Jornadas.


Luis Azurmendi


Arquitecto


Presidente de la Asociación Tajamar.







Arquitectura hidráulica  tradicional  y la necesidad de unas directrices para su conservación

 Azurmendi, Luis y Angeles Gómez Carballo

Resumen
El territorio donde se encuentra la arquitectura tradicional hidráulica suele superar los límites administrativos regionales o nacionales. Esta situada en lo que se denomina «dominio público hidráulico» dependiente, en general, de las administraciones centrales. Corresponde a éstas, en colaboración con las administraciones  regionales y locales o, en su caso, con las internacionales, armonizar criterios de conservación a través de Directrices comunes.

Este patrimonio es de gran envergadura por cantidad y cualidades. Como ejemplo de la necesidad de esas Directrices,  este artículo desarrolla el caso de los molinos de mar como patrimonio litoral en la costa atlántica europea y, en menor medida, del patrimonio  fluvial, así como los problemas  existentes..

Palabras clave
Arquitectura, tradicional, hidráulica, conservación, directrices.

Abstract
The territory where traditional hydraulic architecture finds itself usually overcomes the regional or national administrative limits. It is placed in what is known as «public hydraulic domain» which generally depends on Central Administrations. These are responsible for coordinating and harmonizing the preservation criteria with Common Guidelines, collaborating  with regional, local and international administrations.

This heritage is of great importance due to specific quantities and qualities. As an example of the necessity of these guideli- nes, this article expands on tide mills as European Atlantic littoral heritage and, in lesser magnitude, the fluvial heritage, and existing problems.

Keywords
Architecture,  traditional, hydraulic, preservation, guidelines.




La mar y los ríos como vía de comunicación, comercio  y cultura

La mar ha sido uno de los medios  de relación, comunicación, comercio  y cultura más importante para la humanidad. Las rutas marítimas contribuyeron a la difusión tecnológica  entre países. El litoral acogió una serie de actividades tradicionales, muchas desaparecidas, relacionadas con el mar,  como  son los puertos, astilleros, salinas, mercados y lonjas. También  acogió el alojamiento de marineros, comercian- tes y pescadores así como actividades relacionadas con su vida social o religiosa.

También  los ríos han sido un medio  de comunicación esencial  en la mayoría  de los países.  Las obras para  la navegación, el riego, la molienda  y otras  actividades han legado a los valles fluviales un vasto y rico patrimonio hidráulico edificado. Los ríos no son espacios  naturales primigenios, sino que son el sedimento cultural que da un significado histórico a sus cursos fluviales. Los ríos contienen, a modo de testimonios, obras o restos de las intervenciones del hombre en el aprovechamiento de sus aguas, con un importante contenido patrimonial.



Ruinas de un molino de mar en la costa de Cantabria. Fotografía: Luís Azurmendi  y Ángeles  Gómez Carballo.


Patrimonio Litoral

Como consecuencia, estas actividades y la propia vida cotidiana  tradicional, han dejado sobre el terri- torio litoral las huellas de un importante patrimonio cultural que puede  ser visible o estar oculto por el paso del tiempo  y su propio deterioro.

Hoy ese patrimonio está en trance de desaparecer por la implantación de nuevos usos y ocupación del lito- ral, incompatibles con su permanencia y que, cuando se logra conservar, lo es de forma fragmentada y aje- na a la actividad económica del momento y sin una integración en la estructura territorial contemporánea.

La mar,  la cultura marina, si se nos permite esta expresión, tiene algunas  peculiaridades con respecto a las características del territorio  interior.  La más  sobresaliente es su carácter universal  y de intensa interrelación entre los pueblos ribereños. No en vano durante siglos la relación en el mundo de la nave- gación estuvo determinada por normas consuetudinarias como lo fueron las Leyes de la isla de Layrón (Flores Díaz 2001: 48).

Esta intensa relación entre los diferentes pueblos de la costa hará que la cultura ribera tenga en común, entre  otracosas,  un intercambio de tecnología  que se denotará en el estudio  del patrimonio litoral. Y, como consecuencia, el patrimonio marítimo en general, requiere una observación de carácter transversal y comparativo, entre las fuentes de investigación local de un amplio territorio. Las medidas de protección, para su mantenimiento como memoria colectiva, también requerirán un tratamiento territorial  amplio.

Si pensamos en la construcción naval, en la de los puertos  o en los centros  productivos, en las técnicas de pesca,  o en las salinas, cetáreas, molinos  o las propias  viviendas  tradicionales, encontraremos más puntos  de coincidencia entre  los testimonios de actividades tradicionales en lugares alejados de la cos- ta que entre  los más cercanos de tierra adentro.

Litoral Atlántico: un patrimonio  común  por efecto  de las mareas

Si aproximamos nuestras observaciones al litoral atlántico meridional europeo percibiremos un condicio- nante  natural  común  que es la influencia de las mareas. Como sabemos la altura de marea llega a tener una oscilación de 12 a 15 m de altura en Bretaña,  en el norte,  hasta modularse a 2 m en el Sur de la Pe- nínsula Ibérica. Además el ritmo se repite cada 6 horas y se desplaza  1 hora cada a aproximadamente.

  1. Es lógico que  los pueblos  ribereños utilizasen  semejante fuerza  natural  para  provecho  propio  y ad- quiriesen  técnicas  para  multitud  de actividades como,  entre  otras,  los aserraderos de madera en los astilleros, la molienda  del cereal o de la sal, en los molinos,  la propia obtención de sal en las salinas, la pesca  en los corrales  o la fabricación  de armas.
  2.  Pero el ritmo de las mareas, además de su aprovechamiento por el hombre para la producción, ha te- nido efectos sobre el tejido social de los pueblos de la costa. Era habitual que la actividad agrícola y de pesca  fuese compaginada de forma  que muchos  pueblos  y concejos  eran  pequeñas comunidades au- tosuficientes de pescadores y campesinos. La pesca  de bajura requería la salida a la mar con la marea alta, actividad  que realizaban los hombres. Cuando la marea bajaba  eran  las mujeres  las que llevaban el grano cereal al molino dado que estos solo funcionaban en las mareas bajas. Ambas actividades se desarrollaban, por tanto,  en momentos diferentes. Como las mareas se desplazan en el tiempo, estos trabajos  se realizaban con independencia de la noche  o del día. Esta arritmia  en la actividad  de la colectividad  cr no pocos conflictos sociales que han sido registrados por ordenanzas que trataban de regular costumbres ancestrales (Gallego 2004: 52–101. Escallada, 1987)1. 


Condicionantes geográficos y sociales

Las relaciones  entre  arquitectura tradicional  y el medio  en que se asienta  son muy directas.  Es s, diríamos  que pertenecen al mismo  paisaje,  si entendemos por este  término la interrelación entre  el medio  natural  y las construcciones para actividades humanas.


Las influencias  que las arquitecturas reciben  del entorno medioambiental pueden ser variadas:  por la estructura geográfica del lugar, por las características geológicas, por el clima, por la organización social y, en nuestro caso, por el fenómeno de las mareas.

Las  características geológicas  y forestales  del entorno también condicionarán el tipo de edificio por los diferentes tipos de rocas y maderas y la facilidad de su obtención para  la edificación  y transporte desde  las canteras y bosques. Importante será,  también, la localización de las canteras de las piedras de moler que, a veces, deben  traerse desde  lugares muy alejados.

El clima que, en general,  nos justificará al exterior  las diferentes pendientes de tejados y de orientacio- nes de fachadas, condiciona gran parte de la envolvente tradicional  de los edificios. Toda la costa recibe la influencia del clima atlántico  de carácter bastante homogéneo.

Pero sobre todo, como aquí vamos a ver, serán las mareas quienes unifiquen todo el patrimonio en función de su intensidad. Pensemos que los molinos  son una integración de máquina y edificio, de ingeniería  y arquitectura. Máquinas y edificios que deben  de adaptarse para la obtención de la enera de las mareas2.

En nuestro caso, edificios y obras en la zona intermareal, el tipo de ensenada o la morfología de la costa también alteran  los modelos  de edificios. Un entorno próximo  a la bocana  de la a o ensenada, gene- rará necesarias defensas adicionales respecto al oleaje como es el caso de algunos molinos de Galicia.

La organización social afecta a la tipología edificatoria.  En Galicia, por ejemplo,  no son abundantes los molinos de mar y ello seguramente por razones vinculadas con una peculiar estructura de la propiedad agraria, el minifundio, que permite encontrar junto al mar, sorprendentes hileras de pequeños molinos individuales  de agua dulce. Sin embargo será difícil distinguir la infraestructura hidráulica  de los pocos molinos  de mar de Galicia de los abundantes de la costa Sur de Bretaña  o de Cantabria.

También existen unas rutas de la tecnología o, dicho con s propiedad, de los oficios que, con la emigra- ción, irán difundiendo todos y prácticas  lejanos a sus lugares de origen. Habría que citar cómo moline- ros de Aquitania construían molinos en Guipúzcoa, o gentes procedentes de la Isla de Oleron construyeron molinos  en la Bahía de Cádiz, o al marqués de la Hermida  promoviendo otro molino también en Cádiz. Indianos  ilustrados  construyeron complejos  agrícolas y mareales en Huelva. También  es muy claro el tra- siego de ferrones y carboneros del Ps Vasco posibilitando la construcción de ferrerías por toda la cornisa cantábrica, extendiéndose incluso a territorios  del Valle del Ebro.

Los molinos  de mar

Uno de los casos s singulares  y que mejor conocemos es el de los molinos de mar. La tipología de su construcción y su evolución a lo largo de las costas atlánticas nos descubrirá una cultura tecnológica  co- mún. Cada comunidad, como veremos, mantendrá peculiaridades propias para adaptar el conocimiento tecnológico  a las condiciones geográficas  y culturales  del lugar. Esto es importante porque  el significado de la utilización de un modelo de máquinaria y no otro, no supone  ignorancia  o retraso  sino s bien lo contrario:  supone  una capacidad de selección, categoría  superior  al simple conocimiento de una técnica concreta.

Descripción

Estos molinos  consisten en un artificio para  conseguir  aprovechar la energía  de las mareas . Se cons- truía  un  muro,  una  presa,  que  cerraba una  pequeña ensenada o se  intercalaba en  el caño  de  una marisma como  son  los casos  de Andalucía.  Sobre la presa  se construía  el edificio del molino.  Unas compuertas dejaban entrar  el agua en la marea creciente de forma  que la ensenada se convierte  en un embalse. El agua queda  retenida durante el «vaciante» hasta  que, conseguido el desnivel suficiente, se abrían  los canales,  o cañones del molino  y el agua impulsaba las ruedas  hidráulicas  que giraban  y ponían  en movimiento la máquinaria.


El edificio  del molino

En términos generales la arquitectura es la típica de un edificio auxiliar de producción y por lo tanto  exenta de todo  tipo de ornato  y no sujeto a s  condiciones que el cumplimiento estricto del funcionamiento3.

Bajo el nivel de las aguas toda la obra del edificio suele tener un cuidado diseño para un adecuado comportamiento hidráulico;  son  obras  de mam- postería  con sofisticados sistemas de cimentación e impermeabilización. Allí, en el nivel inferior, en el llamado  infierno, en algunos casos, se encuentra la rueda hidráulica,  una de los elementos más importantes que nos dará numerosas claves para establecer las relaciones  a lo largo del litoral.

Sobre el nivel de las aguas  se encuentra el edificio y en su interior  la máquinaria. Su construcción es s sencilla y tampoco está condicionada a s determinaciones que el alojamiento de las máquinas.

Como sabemos el funcionamiento consiste  en el impulso  de la rueda  hidráulica  que  gira y trans- mite el movimiento a la máquinaria (Azurmendi; Gómez, 1985: 23–25). La molienda  se consigue haciendo pasar el grano entre  dos piedras  circula- res que giran entre  sí. En las caras de contacto  de estas piedras existen unos rebajes radiales cuyo diseño  es de cierta complejidad, pues su función es la de trinchar, moler, afinar y ventilar o refrigerar toda la operación.



No dedicaremos más  atención aquí4  al funcionamiento  de los molinos pues lo que nos interesa es conocer  la tipología que se desarrolla  en nuestras costas  y cuál es la relación entre  ellas.

Tipologías en la costa atlántica europea



Tenemos, pues,  tres elementos comunes a los molinos  de la costa  atlántica:  las presas, las ruedas  hidráulicas y las ruedas  molares  (Azurmendi; Gómez, 2005: 23–25).

a.  Las presas

En la costa N. en Bretaña,  la marea tiene una gran amplitud  (12 m en Mont Saint Michel) las presas son de piedra  y de grandes dimensiones para soportar el empuje  de las aguas.

A medida  que descendemos hacia las costas  más meridionales, al reducirse la amplitud  de marea, se reducen los espesores y altura  de los muros  pero  suele  ampliarse su longitud  para  conseguir mayor  capacidad del embalse y equilibrar  el rendimiento de producción. Más al Sur se comienzan a utilizar conglomerados de arcilla o motas  en zonas  de marismas, ocupando los canales  de los esteros  o de las salinas.


b.  Las ruedas  hidráulicas

Se diferencian claramente las verticales,  de grandes dimensiones al Norte, y las horizontales y más reducidas de la zona meridional. Hay unas sugestivas  excepciones ya estudiadas con diferente pre- cisión (Azurmendi; Gómez, 2012: 29). En Nendrum, Irlanda del Norte (McErlean, 2005), las ruedas medievales eran horizontales y la explicación  se basa en el mismo  argumento utilizado: la amplitud de marea. Allí la marea se desvanece por la morfología de la costa siendo equiparable a las del Can- tábrico en España. Otra excepción es que, por el contrario, en el Sur hemos  encontrado vestigios de ruedas  verticales cuya hipótesis  de trabajo actual es que estaban vinculadas  a las salinas marinas y, en ese caso, más tendrían que ver con algún tipo de noria.

c.  Las ruedas  molares.

Aparte de su material  litológico y dimensiones geométricas poco conocemos del diseño  o dibujos de las ruedas  molares. Varias agrupaciones culturales,  sobre todo de arqueólogos franceses5 vienen estudiando este caso de las piedras  molares  y de su origen en canteras. Las propuestas existentes que dan lugar a la explicación  del origen de los diseños  esvásticas  parecen escasas  y en ocasiones rayan  con la fantasía.

Pero hay que señalar  que existe multitud de dibujos y picado de piedra que agrupadas por formas y lugares que su estudio  quizás pudiesen arrojar alguna luz a tan interesante cuestión.

Lo si se observa  es que el diámetro de las ruedas  en lugares de mayor  marea son también mayores que en las zonas de menor influencia de la marea.

  Cadena tipológica  en el litoral atlántico
De lo anteriormente expuesto podemos llegar a la conclusión  de que la marea es el principal condicionante del tipo de molino,  máquinas y edificio, y al ser ésta  gradualmente variable  también lo son los tipos de molinos  de forma tal que en el Atlántico meridional europeo existe una cadena tipológica que explica la evolución técnica y su adaptación a los condicionantes medioambientales (Azurmendi; Gómez 2005: 23–25).

Es reconocido que también otros condicionantes, como la morfología de la costa, puede crear variantes locales que se incorporan al modelo y, a su vez, generan subtipos,  a veces de gran relevancia o personalidad.


Pero lo que aquí queremos manifestar es que, dentro de esa cadena tipológica, cualquier  pequeño y modesto molino  puede  dar explicación  a la razón de ser de otros  de mayor  carácter o a la relación con otros lugares bien alejados. De ahí la importancia de mantener estos  testimonios de nuestra ar- quitectura tradicional  por muy modesta que pueda presentarse. (Azurmendi; Gómez, 2005: 26).

De la observación de los inventarios6 realizados llaman la atención dos cuestiones que requerirían alguna respuesta.



 Antigüedad y origen de los molinos

Hasta el momento y que conozcamos, los datos  arqueológicos más  antiguos  son los de la Abadía de Nemdrum en Irlanda  del Norte que documentan molinos  de mar  construidos en los siglos vii  y viii. En el área  continental, más  recientemente, y por investigación  documental, se citan8  dos molinos  en Cantabria  de los siglos x y xi  como los más antiguos.  Otros trabajos  publicados  citan de tiempos  de los romanos los situados  en el actual centro  de Londres9  o las lagunas de Venecia en el s. xi10.

Sin entrar  ahora en cada caso, debemos señalar  la dispersión de lugares en épocas tan tempranas como los siglos vii  al xi. Lo que podemos deducir,  en referencia a los datos  de que disponemos, es que la utilización de las mareas era ampliamente conocida  y extendida por las costas occidentales en el Medievo.

El caso de la cita de Venecia y otras italianas, como los dibujos de Taccola (Azurmendi; Gómez, 1985: 14), no están  explicados  suficientemente dada la escasez  de mareas en áreas mediterráneas.

Concentración de molinos

A lo largo del litoral hay varias zonas  que llaman  la atención por la concentración de molinos  en su territorio.  De todas ellas destaca  Cantabria  con noticia de cerca de 90 molinos  en su territorio  hasta  el s. xix.  Esta intensidad de instalaciones no tiene una explicación  definitiva. Pudiera  ser que la situación de los puertos  de carácter transoceánico haya tenido  que ver con ello. La importación americana del maíz tuvo un fuerte  impacto  en la región en el s. xvii  que, para  su molienda, hubo  de incrementar  el número de molinos. En los puertos  como base de las travesías  oceánicas se elaboraban galletas11,  como reserva  alimenticia básica en los navíos, con cereal molido en los molinos  cercanos. Otras explicación más simple es que en Cantabria  se ha realizado  un esfuerzo  mayor  en la investigación, localización e inventariado de los molinos de mar. También  influiría la morfología de una costa caracterizada por sus amplias  marismas y rías muy aptas  para este tipo de instalaciones.

Áreas de patrimonio  común

Es difícil definir un límite preciso para un determinado  tipo  de patrimonio. Gran parte  de la arquitectura  tradicional  del Norte de nuestro país es consecuencia de la importación de modelos  castellanos por los propios  canteros de la monta que iniciaron  una importante diáspora  en el s. xvi. Por lo tanto,  esa tipología no solo abarca  un área  can- tábrica  sino ques  bien,  es castellana y no podemos  descartar influencia  italianas.  Y en nuestro caso solo el escaso  efecto  de la marea pondrá fin a la construcción de molinos  de mar.  Por lo tanto, el ámbito donde  puede reconocerse esta especial tipología de arquitectura hidráulica  es lógicamente aquel en que existen mareas suficientes. Son tantas las similitudes  en la zona de estudio  que, a veces, no es fácil distinguir un edificio por su pertenencia a una región determinada. Porque su principal condicionante, la marea, no depende de ningún límite de tipo administrativo.



Aunque  no  es  motivo  de  este  trabajo,  vamos  a fijarnos  en  otra  tipología  para  intentar definir  la importancia del ámbito  territorial de un tipo de patrimonio. Con epicentro en las minas  de hierro de  Triano,  en  Vizcaya, el transporte del mineral
de hierro  a los centros  de producción de todo el Cantábrico  fue la vía marítima (Santana,  1999).  Los puntos  de desembarco de mineral  y embarco de los productos elaborados fueron los puertos  fluviales existentes en prácticamente todas las desembocaduras de los ríos cantábricos. Allí se situaban las lon- jas, almacenes y lugar de comercio, y aguas arriba las ferrerías hidráulicas  donde  se fundía y elaboraba el mineral.  Pues bien todo ese entramado de los puertos, lonjas, minas y ferrerías,  forman  también una ruta litoral de un patrimonio edificado de características tipológicas coincidentes y comparable como sucede  con los molinos  de mar12.

Así pues, existen  líneas de tipologías edificatorias  de diversas actividades que es preciso conocer  tanto desde  el ámbito  local como  también desde  una  perspectiva general  y comparativa que interprete  el conjunto  de relaciones  y coincidencias.


Directrices nacionales, regionales  y transnacionales

Aquí se nos presenta una cuestión  a la hora de valorar unas  directrices  de un Plan Nacional de Arqui- tectura  Tradicional.

En primer  lugar los ámbitos  regional o autonómico no siempre parecen suficientes  para obtener unas directrices  apropiadas. Será mediante una visión integradora de las diferentes administraciones regionales  como  se consiga  armonizar una  adecuada política de protección para  ese  tipo de patrimonio, método de  integración aplicado  al Plan  de  Arquitectura  Tradicional  elaborándose actualmente por técnicos  de los gobiernos  regionales13.

En segundo  lugar el propio Consejo de Europa inició su apoyo a rutas transfronterizas con patrimonio singular y común.  Las rutas culturales se han desarrollado con carácter estable como es la Ruta Pirenai- ca del Hierro o la de las salinas,  aún elaborándose, u otras relacionadas con productos agrícolas como la Ruta del Olivar, o por las rutas de la peregrinación del Camino de Santiago o la del Legado Andalusí14.

Otro ejemplo  de actividad de difusión son las exposiciones itinerantes organizadas, a nivel internacio- nal, por el Ecomuseo  de Seixal15   y por la Asociación Tajamar  a nivel nacional16. Aunque espera  la de- nominación de Itinerario  Cultural Europeo, nos sirve de ejemplo para mostrar cómo este tipo de patrimonio,  además de los estudios  regionales,  necesita de estudios  desde  ámbitos  internacionales y cómo existe un potencial  de participación ciudadana en la defensa y autoestima de su propio patrimonio.

De ahí también que un Plan Nacional de Arquitectura  Tradicional requiera, para el caso del patrimonio hidráulico,  no solo de los estudios  regionales  sino que  debe  introducirse en este  complejo  tejido de rutas y líneas patrimoniales de otros ámbitos, como es el caso descrito17, como los molinos  de mar,  o la fabricación  y comercio  marítimo del hierro,  con las ferrerías  y los puertos  fluviales, las rutas  de la sal y las salinas, entre  otras.


Patrimonio Cultural y Dominio  Público Hidráulico

El patrimonio hidráulico,  del que  estamos tratando aquí,  tanto  del litoral como  de los ríos, tiene  en común  su pertenencia al Dominio Público Hidráulico y su zona de influencia.  Esto es importante porque  desde  una  perspectiva de la evolución  legislativa del dominio  público marítimo, el concepto ha evolucionado desde  su pertenencia exclusiva de las «aguas» a una interpretación más amplia  bien por mandato constitucional o por determinación legal. Así sucede  que los terrenos ganados  al mar  o los desecados en la ribera del mar pertenecen también al dominio  público18.

Esta incursión  en los temas  jurídicos y competenciales pueden ser de suma  importancia a la hora de definir parte del patrimonio marítimo o fluvial que, con el transcurrir del tiempo, han quedado situados sensiblemente alejados del borde de las riberas.  Pensemos, por ejemplo, que si trazamos una línea que una los molinos existentes en la bahía de Santander en el s. xviii,  ésta dibujará el borde litoral en aquel momento y que, comparado con el borde actual, demuestra que la bahía de Santander ha perdido  más del 60%  de su superficie original.


 Pues bien queremos decir con esto que prácticamente la totalidad  del patrimonio arquitectónico y de ingeniería  hidráulica  pertenece al Dominio  Publico Hidráulico. Y estamos hablando de un patrimonio dominante en nuestro país pues, por ejemplo,  a la existencia de 22 000 molinos  y azudes  descritos  por Madoz, además de batanes noriales y salinas interiores, habrá que añadir el innumerable patrimonio del litoral con puertos, arsenales, astilleros,  molinos,  salinas  y pesquerías, entre  otros,  que podemos considerar como patrimonio tradicional. Y todos están  situados  o dependen del Dominio Público Hidráulico.



La coordinación administrativa: necesidad de unas directrices generales

Las dificultades  de coordinación de un espacio  territorial  cultural que abarca  a varias comunidades ha sido un tema  relegado  en los casos que tratamos.

Así ha sucedido  que  mientras en  una  comunidad se conserva udeterminado patrimonio, en  otras, quizás por razones de fuerza mayor,  ese patrimonio prácticamente ha desaparecido bajo la presión  de nuevas  infraestructuras o por un abandono generalizado. Este será el caso, por ejemplo, del abandono y ruina de los grandes norialearagoneses, consecuencia de la introducción de las estaciones de bombeo para el riego. De esta forma las nuevas  centrales hidroeléctricas podrían  utilizar los tradicionales azudes.

Ese inmenso patrimonio de litoral marítimo y de riberas  de río esta  dentro  de la jurisdicción  de un único organismo, el Ministerio de Agricultura, Alimentación  y Medio Ambiente20  lo cual, en principio, parece  ser una ventaja  para su protección.

Por otro lado la competencia del patrimonio cultural esta sometido a los diferentes ámbitos  territoriales y administrativos de la Administración Central, Comunidades Autónomas  y Ayuntamientos en sus respectivas legislaciones.

Es evidente  que ambos  Ministerios, uno actuando sobre el Dominio Público Hidráulico y el otro sobre el patrimonio cultural de ámbito  supraregional deberían encontrar fórmulas  de coordinación adecuadas.  La actual  redacción de un Plan Nacional de Arquitectura  Tradicional,  por parte  del IPCE, es una oportunidad muy favorable para establecer unas directrices  comunes dado que allí participan también las administraciones autonómicas.


Soporte jurídico

a.  Ley de Costas

La actual Ley de Costas permite que los Bienes Declarados  de Interés Cultural puedan inscribirse  en su propia legislación.

Efectivamente en la transitoria 3 se dice textualmente:

«3.ª En los núcleos que han sido objeto de una declaración de conjunto  histórico o de otro régimen análogo  de especial  protección serán  de aplicación  las medidas derivadas de dicho régimen  con preferencia a las contenidas en esta Ley».

La nueva Ley de Costas, en trámite al escribir estas líneas, también considera esta excepcionalidad dado  que prevé  que a los bienes  declarados de interés  cultural que ocupan  el dominio  público, se les otorgue  una concesión y se les aplique su régimen  jurídico propio.

Efectivamente en las normas transitorias se dice:

«23. Se introduce una  nueva  disposición  adicional  undécima que  queda  redactada del siguiente modo:

Disposición adicional undécima.

1.    Los bienes  declarados de interés  cultural situados  en dominio  público marítimo–terrestre que- darán sujetos al régimen  concesional previsto en la presente ley, a cuyo efecto la Administración otorgará  la correspondiente concesión, en el plazo de un año a contar  desde  la fecha de la declaración  de interés  cultural.


2.    A los bienes  declarados de interés  cultural que se encuentren situados  en el dominio  público marítimo–terrestre, la zona de servidumbre de tránsito, de servidumbre de protección o de influencia se les aplicarán  las medidas derivadas de dicho régimen  con preferencia a las contenidas en esta ley, sin perjuicio de lo previsto  en la disposición  transitoria tercera  apartado 3.º».

Y dicha transitoria dispone:

«Disposición transitoria tercera. Plazo para solicitar la concesión de ocupación  de bienes  declarados de interés  cultural.

La concesión prevista  en la disposición  adicional  undécima de la Ley 22/1988, de 28 de julio, de Costas, de los bienes  cuya declaración de interés  cultural sea anterior a la entrada en vigor de la presente ley, se otorgará  por la Administración en el plazo de un o  a contar  desde esa fecha».

  1. El problema reside ahora en que las diferentes administraciones tienen  prioridades y ritmos de actuación diferentes cuyas  consecuencias son negativas  para  la conservación del patrimonio. Pondré  algún  ejemplo.  La Administración  Central,  el antiguo  Ministerio  de Medio Ambiente, puso en marcha el Plan de Restauración de Ríos que permitió  el derribo  de numerosos azudes con la dudosa  idea de conseguir  unos ríos ideales,  primigenios y libres de obstáculos, cuando esos obstáculos  pertenecen a la propia  estructura histórica  de los ríos. Es s,  pertenecen  al mismo  paisaje entendido éste bajo el criterio de la Convenio Europea del Paisaje19.
  2.  

Los planes  de restauración medioambiental o del patrimonio cultural, para  el litoral o para  las cuencas  fluviales, son de ámbito  superior  al local y autonómico y, salvo excepciones, tampoco la Administración Central ha acometido los estudios  necesarios de patrimonio en las riberas  de ríos y costas.

b.  Ley del Patrimonio Histórico Español

Por otro lado desde  la Ley de Patrimonio Histórico Español, existe la posibilidad  de declaración de Bienes de Interés  Cultural en el Dominio Publico. Pueden  tener  un carácter interterritorial ajustado al ámbito  que requiere  el tipo de patrimonio de que se trate  y no a la exclusiva delimitación administrativa. Además la propia Ley de Costas, como hemos  visto, establece la aplicación de la legislación sobre patrimonio en los casos de Bienes de Interés  Cultural.

Por otro lado en los planes y obras que requieran información sobre impacto  medioambiental surge un nuevo  condicionante para  la protección del patrimonio hidráulico  dado  que, como  ejemplo,  la Ley de patrimonio de Cantabria  establece en su artículo 93 que:

«1. La Consejería  de Cultura y Deporte  habrá  de ser informada de los planes,  programas y proyectos,  tanto  públicos  como  privados,  que  por  su incidencia  sobre  el territorio,  puedan implicar riesgo de destrucción o deterioro del patrimonio cultural de Cantabria.

2. Todo proyecto  sometido a evaluación  de impacto  ambiental según la legislación vigente, deberá incluir informe arqueológico con el fin de incluir en la Declaración de Impacto Ambiental las consideraciones o condiciones resultantes de dicho informe».


Directrices para la protección del patrimonio  tradicional en el Dominio  Público Hidráulico

En consecuencia, la Administración Central, a través del Ministerio de Educación y Cultura (MECD), es el órgano más adecuado para acometer un plan o unas directrices  para la protección de la arquitectura tradicional  en riberas  fluviales y litorales marítimas.


Esto en nada  resta  la autonomía competencial administrativa, ni urbanística, ni política, a otras  ad- ministraciones, pues  se trata  de ajustar  ámbitos  de actuación a una  adecuada coordinación entre  la Administración central  la autonómica y la local.

Y es aquí donde  cobra sentido  unas Directrices o un Plan Nacional de Arquitectura  Tradicional, porque en los casos  de Dominio  Público Hidráulico, puede  proponer unos  objetivos  en ámbitos  territoriales adecuados a consensuar y desarrollar con las diferentes administraciones.

De esta  forma  se adecuan las intervenciones de protección a ámbitos  territoriales homogéneos y, si resulta necesario, de extensión superior  a los límites administrativos.

Conclusiones

 Los tipos  de patrimonio arquitectónico tradicional  tienen  un  ámbito  de instalación  e influencias superiores a los límites administrativos como aquí se ha explicado en el caso de los molinos de mar y extensivo  al patrimonio fluvial.

 El patrimonio situado  en el Dominio Publico Hidráulico (DPH), tanto  de litorales como fluviales, es de una gran envergadura, por cantidad y cualidades  específicas.

 La competencia en el Dominio Público Hidráulico es de un solo ministerio el MAGRAMA a través de los organismos de costas  y cuencas  fluviales.

 La competencia para  al patrimonio cultural es del ministerio MECD, las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos.

 Son necesarias unas Directrices de ámbitos  adecuados en el DPH para la protección de la arquitec- tura hidráulica  tradicional  consensuadas entre  las diferentes administraciones.

 La elaboración de las Directrices  la iniciaría, como  es el caso del Plan de Arquitectura  Tradicional, el Ministerio  de Educación,  Cultura y Deporte,  con  un  acuerdo  previo  con  el Ministerio  de Agri- cultura,  Alimentación  y Medio Ambiente. Participan  las diferentes Comunidades Autónomas  y en su desarrollo  intervendrían las administraciones urbanísticas competentes en materias de cultura y urbanismo.









Bibliografía

AZURMENDI, L.; GOMEZ CARBALLO, M. A. (1985): Molinos de Mar. Colegio de Arquitectos  de Cantabria:  23–25).

(2005): Molinos de Mar y estuarios, Litoral Atlántico: 23–25.

(2010): Inventario de Molinos de Mar en España 2010. MMARM. (Sin publicar).

(2012): Molinos de Mar en Cantabria. La restauración del molino de Santa Olaja. Litoral Atlántico. ESCALLADA GONZALEZ, L. (1988): Molinos de marea en Siete Villas. An. Juan de la Cosa vol. VI: 203–236. DIAZ, F. (2001): «Villas Atlánticas, el mar y sus leyes», Litoral Atlántico: 48–54.
GALLEGO, A. (2004): Los molinos de marea en las villas de Argoños y Santoña. Estudios Trasmeranos 2, Madrid: 52–101. LARHA y RGZM Mainz, (2005): Simposio de Grenoble sobre piedras  de Molinos. Grenoble.
MCERLEAN, T. (2005): Encontro  Internacional «Moinhos de aré do Ocidente  Europeu», Ecomuseu  Seixal.

MAYORAL, P. (2003): Las canteras de molino de piedra: una industria riojana desconocida, Altza VII, San Sebastián:  1 35–146. SANTANA, A. (1999): «La Montaña  de Hierro», Hierro al Mar, Litoral Atlántico: 28–37).
MENENDEZ REXACH, A. (1978): «La nueva Ley de Costas». Ceumt: 29–35.


Notas

1     Se prohibía  a los varones, salvo al marido,  acompañar a las mujeres  a los molinos.

2     No se trata de la «energía mareomotriz» si no más bien del aprovechamiento de los desniveles  entre  mareas.

3     Hay casos  en los que el edificio cobra  singularidad  y tiene  un carácter más  representativo como  son los molinos  de Arillo y Santibáñez en la bahía de Cádiz.

4     La documentación es muy amplia y remitimos al lector a la bibliografía.

5     (LARHRA y RGZM Mainz, simposio  en Grenoble, 2005.  También  PASCUAL MAYORAL, P.; GARCIA RUIZ, «Las canteras de mo- lino de piedra:  Una Industria  riojana desconocida»  (2003). Altza VII, San Sebastián:  135–146.

6     Inventario  de Cantabria,  Inventario  del Litoral Español (Azurmendi  y Gómez Carballo) e Inventario  Europeo.

7     Es el único que ha utilizado procedimientos arqueológicos para la datación.

8     Luis Martínez Lorenzo en el Congreso de Molinología de Zamora.

9     Trabajos arqueológicos de Español en Londres.

1 Desde la cita de la noticia de Jean Gimpel 1975 no hemos  tenido más noticia.

1 Antxon Aguirre ha tratado este tema  con mayor  profundidad. Trabajo inédito.

12   Luis Azurmendi,  manuscrito inédito.

13   Plan Nacional de Arquitectura  Tradicional. IPCE. Bajo la dirección  del arquitecto Félix Benito.

14   Instituto  Europeo de itinerarios  culturales  (1997). Consejo de Europa.

15   Beca convenio  Asociación Estuarium, Ecoparque  Trasmiera  y Ecomuseo  do Seixal.

16   Tajamar,  Litoral Atlántico, en Santander, Gijón, Cádiz y otros.

17   Manifiesto para la arquitectura intermareal. Asociación Tajamar.

18   MENÉNDEZ REXACH, A. (1978): La nueva Ley de Costas. CEUMT.

19   Ratificación del Convenio Europeo del Paisaje en Nov. 2007.

20   El Ministerio de Fomento es competente, el Dominio Portuario,  cuya legislación le excluye de la aplicación de la Ley de Costas.

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